Crisis financieras, despidos masivos y miedo en la televisión.
El negocio de unos pocos, sacude la vida de unos muchos.
Nos han vendado la vista en los escaparates de la simulación
y nos hemos creído la letanía del todos podemos llegar muy lejos.
Con el deseo irrefrenable y entonando un por favor que no sea yo
vendemos nuestro espíritu al mercado del trabajo esclavo.
Nos mostramos quejumbrosos, porque han apagado nuestra rabia
han domesticado nuestros sentimientos y apenas nos quedan sueños.
Solamente somos un cuerpo en busca de otros cuerpos,
sin tocarnos la cara,
sin mirarnos a los ojos vendados
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