En las tardes de verano
en mí puesto de vigilancia
contra los incendios forestales
escuchaba radio 3
y soñaba la nieve
entre un calor sofocante y pinos sedientos
compartiendo -duendes y pelícanos-
con verderones y pinzones.
Pero un día
la noche se hizo demasiado pronto
y tuve que abandonar la montaña
Ya abajo
continué mi vida con otro trabajo.
Esta vez no estaba solo,
me acompañaba Ana para tejer un nuevo oficio.
Para combatir
la frustración de las horas interminables
escuchábamos la radio 1
Subidos en la furgoneta
-con un ojo crítico-
puesto en la carretera
Gritábamos
VIVA LA RADIO PÚBLICA
que hace más apetecible
la soledad en el campo
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