martes, 10 de enero de 2012

La Radio Pública



En las tardes de verano

en mí puesto de vigilancia

contra los incendios forestales

escuchaba radio 3

y soñaba la nieve

entre un calor sofocante y pinos sedientos

compartiendo -duendes y pelícanos-

con verderones y pinzones.


Pero un día

la noche se hizo demasiado pronto

y tuve que abandonar la montaña

Ya abajo

continué mi vida con otro trabajo.

Esta vez no estaba solo,

me acompañaba Ana para tejer un nuevo oficio.


                         Para combatir

la frustración de las horas interminables

escuchábamos la radio 1


Subidos en la furgoneta

-con un ojo crítico-

puesto en la carretera

                                   Gritábamos

VIVA LA RADIO PÚBLICA

que hace más apetecible

la soledad en el campo

y el trabajo en la calle.

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