martes, 27 de septiembre de 2011

Esto es todo

Miré al espejo y sentí miedo
odio me produjo escuchar a payasos
en la radio, hablando de economía.

Cada mañana pienso en desayunar
una infusión de cicuta, pero me atrae
la idea de observar el colapso
en la urbe.

No salgo a la calle
o me pierdo solo en el monte
porque soy malo, pero no quiero
ser como tú, que disfrutas haciendo
daño a la gente.

Miré en el espejo y vi a
un asesino, un violador y un drogadicto.
Vivo en el infierno y ahora me arrepiento.

No quiero oírte decir que haces la revolución
proyectando cine en tu ático del centro
para tus amigos.

Mira, no me creo esas palabras
tan bonitas con las que adornas
esta farsa: si todos fuéramos veganos,
se terminaría el hambre en el mundo.

Las noticias cuentan que otro hombre
ha matado a su mujer. Suicídate
tú primero
cabrón.

Pensamientos recurrentes que guardo en silencio,
mientras hablas de anarquismo, sin pensar
en tus compañeros obreros.
Sueñas con una comuna en el campo
yo con ver a PP y PSOE deportados a Siberia.

Llega el final de los hidrocarburos
moveremos nuestros coches con pedales
haremos yoga entre caos y barbarie.

Qué pena damos, la especie humana
ignorando el grito del cárabo
espero que nuestros legatarios
aprecien mejor las caricias y los masajes.

domingo, 25 de septiembre de 2011

visiones




            Comenzó a unir las distintas lunitas que bañaban la espalda tumbada de costado en la cama. Con un bolígrafo de color azul, quería descubrir las constelaciones que guían los pasos de los sueños en el momento en que la lámpara que habita sobre la mesilla se apaga.  Se sobresaltó al contemplar las primeras líneas trazadas. Un universo desconocido se agolpaba ante ella. Narraban una vivencia extraña e incierta. Era empujada hacia el abismo de un agujero negro.

            Pasados varios días, él comenzó a ser acechado por pensamientos siniestros. No importaba el lugar ni la ocupación que estuviera llevando a cabo. Durante un instante, un cortocircuito electrocutaba su normalidad.

            Desde aquella noche, ella se encontraba más introspectiva. La jovialidad había dejado de ser su acompañante durante la jornada de trabajo en la oficina o en el café con sus amigas.

            Se encontraba inquieto la mayor parte del día y cuando llegaba a casa apenas podía levantar la vista de la tarima flotante. Esos pinchazos que jamás había sentido ahora lo martilleaban cuando se cruzaban en el pasillo o en el dormitorio.

            Ella ocultaba la visión que la espalda de su compañero le había mostrado, intentando mantener cierta normalidad durante la cena o el desayuno; únicos momentos de la semana en que podían encontrarse. No se atrevía a contar lo que había visto. La desconfianza se había instalado en el ático donde vivían.

            Él rogaba que por favor sus obsesiones desaparecieran. Aspiraba a un reencuentro con la normalidad que había guiado su vida hasta estos momentos.

            Un  mes después, él estaba totalmente consumido. Vivía en una realidad aparte y solo pensaba en poner fin a todo. Sentía miedo cuando salía a la calle. Solamente quería ocultar la sombra acechante ante la mirada de los demás. Ella, temerosa, apenas conocía el modo de afrontar el futuro.

            Una noche de sábado, los dos se encontraban encerrados en casa. La luz de la luna llena entraba por las cristaleras del techo. El calor que desprendía la calefacción era sofocante, la totalidad del ambiente  conducía a un encuentro definitivo. Él se acercaba con una cuerda entre sus manos. Ella, que picaba cebolla en la tabla de cortar, vio por el espejo de la pared una sombra amenazante. Justo cuando estaba a punto de ser rodeada, se giró apretando con fuerza el cuchillo…………………….

            No continuó uniendo los puntos de su espalda. Tiritaba la mano que sostenía el bolígrafo y un escalofrío se sumergió en su alma. Confusa, besó el cuello de su amado, se giró hacia la mesilla y apagó la luz de la lámpara. Él se agitaba inquieto en la cama, como intentando despertar de un mal sueño. La luz de la luna llena entraba por la cristalera del techo.

martes, 13 de septiembre de 2011

busco tu mirada en el fuego




Hoy que la luz me deslumbra
cierro los ojos que tumbados
adoran con añoranza el regreso
de la noche y el silencio

El susurro de un gato sumergido
en el regazo de los recuerdos
vislumbra desde la ventana
las estrellas atadas a un hilo

Desaparece entonces temprano el día
un fuego ilumina el desapego
cantando con voz suave a la melancolía
buscando el amor en la oscuridad

lunes, 12 de septiembre de 2011

Luna de agua


Busco en el silencio la palabra acertada
declinarme ante la singularidad y la belleza
ausentarme de un instante guardado en mis recuerdos
solamente interrumpidos por el crujir de las ramas antiguas.

Comenzaré por el principio, si existe en la inmensidad blanca
si el espacio misterioso descubre mi voz, ante el azote del viento
son las vivencias acontecidas, que susurran al bosque adormecido
los relatos acechantes en la noche sin luna, en el camino desierto

Una pluma se desprende del poderoso vuelo del azor
la tinta de un coprinus se muestra ante mi paseo
si las señales existen y el respeto prevalece
la madre tierra disculpa entonces mis palabras pasajeras

Desaparecieron los que esculpieron su vida en las lagunas
escaparon los que escondían sus miedos entre los árboles
los asediados por la locura, se dejaron llevar por el eco de los valles
quedaron esparcidas sus escrituras entre la tibieza del invierno

Tú dormías, mientras el humo que cubre la noche busca a los ausentes
yo   seguí ese recóndito camino que asciende entre las nieblas hasta la cumbre
susurrabas entre delirios, las historias inventadas de los lugares soñados
encontré entonces un sentido, contarte el misterio de lo acontecido

El tiempo si existe, en la inmensidad blanca, en los recuerdos
vacila un instante, para proseguir con la vida entrelazada
pinos, hayas y tejos son los testigos de los cuentos narrados
sus raíces guardan al corazón que late incesante

Tú dormías en mis recuerdos, en mi ansiedad heredada
siempre que podía venía a despertarte a este lugar
recóndito paisaje de nieve y agua, de luna escarchada.

No pudieron los antiguos moldearte y se marcharon
ahora te cubren con papel de regalo, para venderte
quienes no pueden leer los cuentos escritos entre las aguas

Busco en el silencio la palabra acertada
declinarme ante la singularidad y la belleza
ausentarme de un instante guardado en mis recuerdos
solamente interrumpidos por el crujir de las ramas antiguas.

Comienzo una nueva primavera


           
            Comienzo una nueva primavera. En esta ocasión los brotes de las yemas antiguas resbalan por mi cuerpo, tiñéndome de colores ocres. Mi reloj personal, va descompasado de la realidad cotidiana. Cuando todo el mundo duerme, un haz de luz naranja me desvela en mi habitación oscura. Lleno el espacio decorándolo de humo disfrazándome en la noche con el manto de la niebla. Abro la ventana y en una gélida constelación viajo hasta el lugar donde habitan los castaños milenarios. Sus voces escondidas entre los caminos y las fuentes de agua, dibujan sombras con sus ramas desnudas, dando cobijo a los más antiguos habitantes, los sueños trazados en la espiral de las primeras noches, cuando la escarcha dorada de plata, amamantaba los resbaladizos troncos cubiertos de hojas.

            Amanece y cuando todo el mundo comienza su actividad, entro en un letargo fundido en el frío viento que se acerca desde el lejano norte. No consigo deshacer el líquido amniótico en el que camino sumergido, respirando  vida, uniendo las raíces de mis pies a la tierra. Salgo a la calle y me encuentro contigo entre el ruido encerrado del tráfico cansado y las voces de los transeúntes. Te miro a los ojos, buscando la calma que no encuentra espacio en esta misteriosa y ajetreada ciudad. Despego las manos de mis bolsillos para poder tocarte la cara, para trazar una espiral en tu frente, para conseguir envolver a las personas que por nuestro lado caminan, alejándonos todos del miedo y de la histeria.

            Comienzo una nueva primavera. La lluvia que resbala entre los tintes amarillos de los castaños y el rojo de los cerezos, me acerca en silencio a ese lugar donde habitan los sueños, donde duermen las esperanzas. Ahora si, el sol, vence a la escarcha dorada de plata.

El búho de colores



            He perdido el único objeto que quería conservar. Poseía un búho de barro colocado sobre la repisa de la ventana. Se ha cansado de esperar y ha saltado pensando que podía volar. Se ha hecho añicos.
            Estaba pintado de muchos colores, destacando el verde intenso para mimetizarse entre las cortinas y las persianas.
            No se despidió intentando ulular. Las estrellas de mi techo lo lloran, los árboles que crecen entre las paredes de la habitación desnudan sus ramas dejando caer las hojas al suelo. Un manto lúgubre recorre el espacio cerrado mientras las estanterías se llenan de liquen y musgo. La hiedra trepa entre los libros y al parecer esta noche todo se derruirá.

Luna de agosto


            La araña trepa por las cortinas de su flequillo. La luna dormita sobre las hojas de una encina situada en solitario sobre el manto amarillo que baña los campos. Resbalan por su cara tintes rojos que transcurren por el tronco, tiñendo los pies del hombre. Un escalofrío recorre su cuerpo. El sudor empaña su frente, mientras sostiene un cuchillo entre sus manos.

            Se escuchan las voces que surgen desde las últimas casas del pueblo. Gritan su nombre entre las calles. Todos siguen sus pasos. Entre la oscuridad surge el canto del gallo que vierte su aliento en el vaso.

            El río corre agazapado entre los cantos rodados. No sorprenderá a los amantes desnudos en las alamedas, solamente quiere esconderse para recordar la ternura olvidada antes de verse estrangulado en el espejo por el que tendió el amor con un hierro ardiente.