domingo, 25 de septiembre de 2011

visiones




            Comenzó a unir las distintas lunitas que bañaban la espalda tumbada de costado en la cama. Con un bolígrafo de color azul, quería descubrir las constelaciones que guían los pasos de los sueños en el momento en que la lámpara que habita sobre la mesilla se apaga.  Se sobresaltó al contemplar las primeras líneas trazadas. Un universo desconocido se agolpaba ante ella. Narraban una vivencia extraña e incierta. Era empujada hacia el abismo de un agujero negro.

            Pasados varios días, él comenzó a ser acechado por pensamientos siniestros. No importaba el lugar ni la ocupación que estuviera llevando a cabo. Durante un instante, un cortocircuito electrocutaba su normalidad.

            Desde aquella noche, ella se encontraba más introspectiva. La jovialidad había dejado de ser su acompañante durante la jornada de trabajo en la oficina o en el café con sus amigas.

            Se encontraba inquieto la mayor parte del día y cuando llegaba a casa apenas podía levantar la vista de la tarima flotante. Esos pinchazos que jamás había sentido ahora lo martilleaban cuando se cruzaban en el pasillo o en el dormitorio.

            Ella ocultaba la visión que la espalda de su compañero le había mostrado, intentando mantener cierta normalidad durante la cena o el desayuno; únicos momentos de la semana en que podían encontrarse. No se atrevía a contar lo que había visto. La desconfianza se había instalado en el ático donde vivían.

            Él rogaba que por favor sus obsesiones desaparecieran. Aspiraba a un reencuentro con la normalidad que había guiado su vida hasta estos momentos.

            Un  mes después, él estaba totalmente consumido. Vivía en una realidad aparte y solo pensaba en poner fin a todo. Sentía miedo cuando salía a la calle. Solamente quería ocultar la sombra acechante ante la mirada de los demás. Ella, temerosa, apenas conocía el modo de afrontar el futuro.

            Una noche de sábado, los dos se encontraban encerrados en casa. La luz de la luna llena entraba por las cristaleras del techo. El calor que desprendía la calefacción era sofocante, la totalidad del ambiente  conducía a un encuentro definitivo. Él se acercaba con una cuerda entre sus manos. Ella, que picaba cebolla en la tabla de cortar, vio por el espejo de la pared una sombra amenazante. Justo cuando estaba a punto de ser rodeada, se giró apretando con fuerza el cuchillo…………………….

            No continuó uniendo los puntos de su espalda. Tiritaba la mano que sostenía el bolígrafo y un escalofrío se sumergió en su alma. Confusa, besó el cuello de su amado, se giró hacia la mesilla y apagó la luz de la lámpara. Él se agitaba inquieto en la cama, como intentando despertar de un mal sueño. La luz de la luna llena entraba por la cristalera del techo.

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