lunes, 12 de septiembre de 2011

Comienzo una nueva primavera


           
            Comienzo una nueva primavera. En esta ocasión los brotes de las yemas antiguas resbalan por mi cuerpo, tiñéndome de colores ocres. Mi reloj personal, va descompasado de la realidad cotidiana. Cuando todo el mundo duerme, un haz de luz naranja me desvela en mi habitación oscura. Lleno el espacio decorándolo de humo disfrazándome en la noche con el manto de la niebla. Abro la ventana y en una gélida constelación viajo hasta el lugar donde habitan los castaños milenarios. Sus voces escondidas entre los caminos y las fuentes de agua, dibujan sombras con sus ramas desnudas, dando cobijo a los más antiguos habitantes, los sueños trazados en la espiral de las primeras noches, cuando la escarcha dorada de plata, amamantaba los resbaladizos troncos cubiertos de hojas.

            Amanece y cuando todo el mundo comienza su actividad, entro en un letargo fundido en el frío viento que se acerca desde el lejano norte. No consigo deshacer el líquido amniótico en el que camino sumergido, respirando  vida, uniendo las raíces de mis pies a la tierra. Salgo a la calle y me encuentro contigo entre el ruido encerrado del tráfico cansado y las voces de los transeúntes. Te miro a los ojos, buscando la calma que no encuentra espacio en esta misteriosa y ajetreada ciudad. Despego las manos de mis bolsillos para poder tocarte la cara, para trazar una espiral en tu frente, para conseguir envolver a las personas que por nuestro lado caminan, alejándonos todos del miedo y de la histeria.

            Comienzo una nueva primavera. La lluvia que resbala entre los tintes amarillos de los castaños y el rojo de los cerezos, me acerca en silencio a ese lugar donde habitan los sueños, donde duermen las esperanzas. Ahora si, el sol, vence a la escarcha dorada de plata.

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